¿Coinciden dos médicos Kampo al diagnosticar al mismo paciente? Un estudio de Keio midió exactamente eso
El acuerdo entre especialistas fue alto para el eje de exceso y vacío, moderado para el de frío y calor, y notablemente bajo para el estado del qi, la sangre y los fluidos. Los propios investigadores explican por qué.
Una pregunta incómoda, formulada con rigor estadístico
Este portal ha explicado en piezas anteriores los tres grandes ejes del diagnóstico Kampo —kyo-jitsu (exceso/vacío), kan-netsu (frío/calor) y el estado del qi, la sangre y los fluidos— y ha destacado que su correcta identificación es la base de cualquier prescripción individualizada. Pero, ¿coinciden distintos médicos al aplicar estos mismos criterios a un mismo paciente? Un estudio del Centro de Medicina Kampo de la Universidad de Keio decidió responder a esta pregunta con la misma herramienta estadística que se emplea para evaluar la fiabilidad de cualquier prueba diagnóstica en medicina convencional.
Lo que encontró el estudio
El estudio pidió a tres especialistas en Kampo que diagnosticaran de forma independiente, a partir de la misma información clínica de 64 pacientes con enfermedades crónicas, el patrón correspondiente a cada uno de los tres módulos diagnósticos. El grado de acuerdo, medido con el coeficiente de Gwet —una alternativa estadística más robusta que el clásico índice kappa cuando las categorías no se distribuyen de forma uniforme—, resultó muy distinto según el módulo: para el eje de exceso-vacío, el acuerdo ponderado fue del 85,9%, con un coeficiente de 0,708, un nivel considerado sustancial. Para el eje de frío-calor, el acuerdo bajó al 64,6%, con un coeficiente de 0,542, un nivel moderado. Y para el módulo más complejo, el del estado del qi, la sangre y los fluidos —que incluye siete categorías posibles, frente a las tres o cuatro de los otros dos ejes—, el acuerdo cayó hasta el 35,9%, con un coeficiente de apenas 0,254, un nivel considerado bajo.
Por qué el tercer módulo es el más difícil de estandarizar
Los propios autores del estudio ofrecen una explicación plausible para esta diferencia: cuantas más categorías posibles existen dentro de un mismo eje diagnóstico, más difícil resulta lograr un acuerdo alto entre distintos examinadores, un fenómeno estadístico conocido y documentado también en otras áreas de la medicina. El módulo de qi-sangre-fluidos, al combinar hasta siete descriptores distintos —vacío de qi, estancamiento de qi, contraflujo de qi, vacío de sangre, estancamiento de sangre, y los correspondientes patrones de fluidos—, resulta estructuralmente más propenso a la discrepancia entre observadores que los ejes más simples de exceso-vacío o frío-calor.
Una conexión directa con la codificación internacional
Este estudio no es casual: se enmarca directamente en el esfuerzo de modularización del diagnóstico Kampo que sirvió de base para su inclusión en el capítulo de medicina tradicional de la CIE-11 de la OMS, descrito en una pieza anterior de este portal. Los propios investigadores señalan que descomponer el sho en módulos más simples y con menos categorías —en lugar de exigir un diagnóstico único y global— podría ser precisamente la estrategia que mejore la fiabilidad general del sistema diagnóstico, sin renunciar a la riqueza descriptiva que distingue al Kampo.
Por qué esta autocrítica fortalece, no debilita, al diagnóstico Kampo
Que un centro de referencia como la Universidad de Keio someta su propio sistema diagnóstico a este tipo de escrutinio estadístico, y publique con transparencia los resultados —incluidos los menos favorables—, es coherente con el patrón de autocrítica metodológica que este portal ha documentado repetidamente: desde el reconocimiento de que la mayoría de los ensayos clínicos no aplican el diagnóstico de patrón, hasta los esfuerzos por cuantificar objetivamente el color de la lengua. Es, en definitiva, el tipo de trabajo necesario para que un sistema diagnóstico centenario pueda dialogar, con el mismo lenguaje de evidencia, con los estándares de la medicina basada en pruebas actual.