148 fórmulas cubiertas por el seguro médico y más del 80% de los médicos: cómo Japón integró el Kampo en su sanidad pública
No es medicina alternativa en el sentido occidental del término: es un conjunto de fármacos regulados, fabricados bajo control farmacéutico, recetados en hospitales y con sus propios riesgos conocidos y vigilados.
De cuatro fórmulas a 148, en menos de una década
La integración del Kampo en la sanidad pública japonesa tiene una fecha de inicio concreta: en 1967, el sistema nacional de seguro médico empezó a cubrir cuatro fórmulas Kampo. Para 1976, esa cobertura se había ampliado a 148 fórmulas, la mayoría en forma de extracto granulado estandarizado, fabricado en condiciones industriales controladas y sujeto a la misma regulación farmacéutica que cualquier medicamento occidental. Ese número —148— se ha mantenido como referencia desde entonces, y hoy más del 80% de los médicos en Japón recetan Kampo, solo o combinado con fármacos convencionales, según distintas encuestas sectoriales y hospitalarias. Un análisis de doce años de prescripciones en el Hospital Universitario de Kioto confirmó que el Kampo se utiliza en la práctica totalidad de los departamentos médicos del centro, no solo en medicina interna general.
La evidencia clínica que sostiene ese uso
Uno de los casos mejor documentados es el de Yokukansan para los síntomas conductuales y psicológicos de la demencia —agitación, irritabilidad, alucinaciones—, un problema para el que los tratamientos convencionales suelen tener un margen de eficacia limitado y efectos secundarios relevantes. Una actualización de meta-análisis sobre cinco ensayos aleatorizados, con 381 pacientes en total, encontró que Yokukansan reducía de forma estadísticamente significativa la puntuación total de estos síntomas frente a placebo más cuidado habitual, con mejoras específicas en delirios, alucinaciones y agitación, y con una tasa de abandono del tratamiento similar a la del grupo control, es decir, bien tolerado. El propio análisis señaló un matiz importante: el beneficio no fue estadísticamente significativo cuando se analizó únicamente al subgrupo de pacientes con enfermedad de Alzheimer, un recordatorio de que ni siquiera dentro del Kampo los resultados son uniformes entre distintas causas de un mismo síndrome.
Los riesgos conocidos, y cómo se vigilan
Que el Kampo esté integrado en el sistema sanitario no significa que se considere inocuo: significa que sus riesgos están identificados, cuantificados y vigilados como los de cualquier fármaco. El más documentado es la pseudoaldosteronismo, causado por el regaliz (glycyrrhizin), presente en más del 70% de las fórmulas aprobadas, que puede provocar hipopotasemia e hipertensión, especialmente con dosis altas, uso prolongado, y en mujeres y personas mayores. Un análisis de los informes de efectos adversos notificados al Ministerio de Sanidad japonés entre 2003 y 2018 identificó el daño hepático como el efecto adverso más frecuente (28,2% de los casos), seguido de la lesión pulmonar o neumonía intersticial (27,8%) y la pseudoaldosteronismo (21%). La neumonía intersticial se ha asociado sobre todo a fórmulas que contienen raíz de escutelaria, con una incidencia baja pero no nula —del orden del 0,08% en un estudio retrospectivo hospitalario a diez años—, lo que ha llevado a protocolos específicos de seguimiento clínico en pacientes que reciben esas fórmulas de forma prolongada.
Ni magia ni sustituto: un sistema con respaldo clínico
Este es, probablemente, el dato que más tranquiliza a quien nunca ha probado el Kampo y lo asocia con remedios sin regulación: en Japón no se compra libremente en cualquier herbolario para automedicarse contra cualquier síntoma, sino que se prescribe mayoritariamente por médicos con formación específica, tras un diagnóstico individualizado, dentro de un sistema que audita tanto su eficacia como sus efectos adversos con la misma rigurosidad que aplica a la farmacología convencional. Esa es, en última instancia, la diferencia entre tomar una hierba por cuenta propia y recibir una fórmula ajustada al propio sho tras una valoración clínica completa.