¿Ahorra dinero el Kampo? Lo que muestran —y lo que todavía no muestran— los estudios de coste-efectividad japoneses
Una revisión encontró solo once estudios económicos publicables en casi treinta años de literatura médica japonesa. Los resultados disponibles son prometedores en algunos terrenos, y decepcionantes en otros.
Un campo de investigación todavía joven
Pese a que el Kampo lleva medio siglo integrado en el sistema sanitario público japonés, la evaluación formal de su relación coste-efectividad es un campo de investigación sorprendentemente joven. Una revisión sistemática de la literatura médica japonesa, que rastreó publicaciones entre 1983 y 2011 en la mayor base de datos médica del país, encontró inicialmente 110 artículos relacionados con "Kampo" y "economía", pero tras un cribado riguroso solo 11 resultaron ser evaluaciones económicas completas o análisis de costes propiamente dichos. De esos 11 estudios, la mayoría empleaba un diseño de análisis de coste-consecuencia, y ninguno alcanzaba el nivel más sofisticado de análisis económico sanitario, el de coste-utilidad, el estándar que permite comparar intervenciones de salud muy distintas entre sí mediante una métrica común.
Donde la evidencia económica juega a favor
El caso más sólido en la práctica hospitalaria sigue siendo Daikenchuto: su capacidad para acelerar la recuperación del tránsito intestinal tras cirugía abdominal —documentada en varios ensayos aleatorizados— se traduce, en la lógica hospitalaria, en menos complicaciones posoperatorias y una recuperación más rápida, lo que explica que muchos hospitales japoneses la hayan incorporado como parte de su protocolo estándar tras cirugía digestiva, con daikenchuto convertida en la fórmula Kampo de uso hospitalario más extendida del país. Un análisis de las reclamaciones del seguro médico japonés encontró que un 92,2% de los pacientes que recibían extractos Kampo los combinaban con fármacos convencionales, lo que confirma que, en la práctica real, el Kampo actúa como una capa adicional de tratamiento y no como un gasto sanitario aislado y sustitutivo.
Donde la evidencia económica no acompaña
No todos los resultados son favorables, y es importante contarlo con la misma honestidad. Un estudio de cohortes retrospectivo, con datos de reclamaciones de casi diez millones de personas aseguradas en Japón, evaluó el uso de Makyokansekito —una fórmula Kampo empleada en infecciones respiratorias— en pacientes ambulatorios con neumonía adquirida en la comunidad, y no encontró una reducción significativa en la proporción de hospitalizaciones posteriores entre quienes la recibían y quienes no. Tampoco se encontraron diferencias relevantes en el coste médico total ajustado entre ambos grupos. Es un resultado que contradice la expectativa inicial de ahorro asociado a esta fórmula, y que los propios investigadores no ocultaron al publicar el estudio.
Por qué esta imagen mixta es, en realidad, una buena señal
Que la literatura económica sobre el Kampo muestre resultados dispares —ahorro claro en algunos contextos hospitalarios muy concretos, ausencia de ahorro en otros terrenos donde se esperaba— es exactamente lo que cabría esperar de un conjunto heterogéneo de más de un centenar de fórmulas distintas, cada una con su propia indicación y su propio nivel de evidencia. La alternativa —afirmar que "el Kampo ahorra dinero" como si fuera una propiedad uniforme de todo el sistema— sería una simplificación que la propia literatura japonesa, con sus estudios negativos publicados junto a los positivos, se ha encargado de evitar.