La industria del Kampo pide precios más predecibles al gobierno japonés para no poner en riesgo el suministro
Desde que Japón pasó de revisar los precios de los medicamentos cada dos años a hacerlo casi cada año, los fabricantes de fórmulas Kampo advierten de que el sistema, combinado con el encarecimiento de las plantas importadas, amenaza la estabilidad del sum
Un cambio regulatorio con efectos acumulativos
Desde 2018, y de forma consolidada desde 2020, Japón ha ido transformando su sistema de revisión de precios de medicamentos, que tradicionalmente operaba con una revisión cada dos años, hacia un modelo de ajustes casi anuales basado en la diferencia entre el precio oficial cubierto por el seguro médico y el precio real observado en el mercado. Este cambio, pensado originalmente para contener el gasto sanitario público, ha generado una presión sostenida a la baja sobre los precios de un número creciente de medicamentos, incluidas las fórmulas Kampo cubiertas por el sistema.
La advertencia explícita de la industria
Representantes de la industria farmacéutica Kampo han hecho un llamamiento público a las autoridades japonesas reclamando un sistema de precios más predecible específicamente para los productos Kampo de uso clínico, advirtiendo de que el aumento sostenido de los costes de producción amenaza la estabilidad del suministro de estos medicamentos. Esta advertencia conecta directamente con lo que este portal ya documentó en una pieza anterior sobre la dependencia del 80% de las plantas medicinales Kampo respecto a las importaciones desde China: el mismo sector que enfrenta un encarecimiento estructural de su materia prima se enfrenta ahora, además, a una presión regulatoria para mantener bajos los precios de venta de sus productos terminados.
Un problema que ya tiene un coste medible
Más allá de las advertencias del sector Kampo en particular, un análisis sobre el coste de gestionar la escasez de medicamentos en el conjunto del sistema sanitario japonés estimó que el coste laboral anual dedicado por los farmacéuticos hospitalarios a gestionar desabastecimientos de fármacos en todo el país ronda los 7.100 millones de yenes, una cifra que ilustra el coste invisible, pero real, que genera la inestabilidad del suministro farmacéutico incluso antes de que llegue a afectar directamente a un paciente concreto.
Una tensión entre dos objetivos legítimos
El dilema de fondo no tiene una solución sencilla: el sistema de revisión de precios existe para contener un gasto sanitario público que, en una sociedad que envejece con la rapidez de la japonesa, no puede crecer de forma indefinida, pero la misma lógica de contención de costes puede, llevada a un extremo, poner en riesgo la viabilidad económica de fabricar de forma estable ciertos medicamentos, incluidas fórmulas Kampo con décadas de uso clínico consolidado. Es una tensión que este portal ya había esbozado al describir los estudios de coste-efectividad del Kampo, y que hoy se manifiesta desde el lado opuesto de la ecuación: no solo si el Kampo ahorra dinero al sistema, sino si el sistema puede seguir pagando lo suficiente para que el Kampo siga fabricándose con normalidad.
Por qué esto debería preocupar más allá del sector farmacéutico
Cuando una fórmula Kampo cubierta por el seguro médico desde 1976 —como este portal ha explicado en piezas anteriores sobre la historia de esta integración— deja de ser rentable de fabricar, el problema no es solo económico: es la posibilidad real de que tratamientos con décadas de evidencia clínica acumulada, como muchos de los descritos en este portal, dejen de estar disponibles no por falta de eficacia, sino por la aritmética de un sistema de precios que no logra conciliar la contención del gasto con la estabilidad de la oferta.